sábado, 20 de marzo de 2010

Las luces y las sombras de la primera semana de Sebastián Piñera en el poder

"Descoordinación" entre los ministros, "desprolijidad" y "falta de prudencia política" en el nombramiento de gobernadores -que terminó en conflicto con la UDI- y el retraso en la venta de las acciones de LAN aparecen entre los puntos negativos. El "primer gol": la aprobación del «bono marzo». Guzmán, Navarrete, Bellolio y Joignant dan sus distintas visiones del debut del Presidente y sus ministros.


Guzmán: "Hay descoordinación y puede ser evitada"

"De que hay síntomas de descoordinación nadie puede dudarlo". Ese es el diagnóstico del sociólogo y decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán , al analizar la primera semana del gobierno de Piñera. Y se pregunta: "¿ Cuánto de esta descoordinación puede ser evitada? Y la verdad es que, en parte, sí ".

Por ejemplo, afirma, el aumento del royalty minero -que el ministro Golborne descartó y luego señalaron como posible Rodrigo Hiznpeter y Ena von Baer- "es un tema que no siquiera parece tener mucho sentido el plantearlo en estos momentos", cuando ni siquiera se ha dado el plan oficial de reconstrucción.

Sobre el atraso en la venta de las acciones de LAN de Piñera -primero el plazo era el 11 de marzo y se extendió post-terremoto hasta el 30 de abril- señala que, pese a que se trata de "un asunto privado, que el gobierno como tal no tiene que responder, pues está en manos de los asesores legales y financieros del Presidente, lo que sí no se puede ignorar es que se trata de un tema que seguirá estando en agenda, y ello implica la necesidad de tener una estrategia para anticiparlo a futuro ".

Sobre los reclamos del gremialismo por la designación de gobernadores, Guzmán apunta a las formas y cree que al equipo de Piñera simplemente " le faltó prudencia política ", ello, considerando que la UDI -con dos senadores en la Región de más peso político- ya había "asumido" la nominación de un intendente pro RN en la Metropolitana.

En todo caso, destaca el " primer triunfo " del gobierno con la aprobación del «bono marzo» y el que la " oposición aún no logra instalarse ni menos aún reponerse de la derrota de enero". Eso sí, Guzmán hace hincapié en que al gobierno "el terremoto lo ayuda", pues sus descoordinaciones no están en el foco de la "mayoría de los chilenos, que no están conectados con estos tema, les parecen opacos en estos momentos". Así, puede "no parecer dramático lo que está sucediendo; sin embargo, en política los fenómenos de descoordinación generan estados de ánimo, búsqueda de culpables y fricciones. Y en una situación de normalidad serían graves ".

Navarrete: "No confundir urgencia con atarantamiento"

Si bien señala que "es pronto para una evaluación seria", el abogado DC Jorge Navarrete cree que en estos días " se han evidenciado algunas señales preocupantes y que distan mucho del tan cacareado eslogan «la nueva forma de gobernar»".

Navarrete parte por criticar al Presidente por "haber asumido habiendo faltado en forma flagrante a un compromiso que él mismo contrajo con la ciudadanía durante toda la campaña: no se ha desprendido de su participación accionaria en LAN y sigue siendo el dueño de un canal de televisión".

Asimismo, califica de " desprolijidad inexcusable " que al 11 de marzo no hubieran estado nombrados todos los intendentes y gobernadores.

Añade que " la falta de coordinación y complicidad entre los ministros también ha sido notoria ". Y señala "las contradicciones con motivo de temas tan sensibles como el impuesto específico a las bencinas o el royalty minero", diferencias que se produjeron entre los ministros de Hacienda y Economía, y de Interior y Minería.

Navarrete advierte que estas contradicciones "evidencian poco afiatamiento del equipo", pero cree que también pueden ser consecuencia "del propio carácter y talante del Presidente, cuya capacidad de trabajo nadie pone en duda, pero que debe aprender a delegar y confiar tareas y responsabilidades a sus colaboradores".

Para Navarrete, el Presidente de la República "tiene que tratar de hablar menos" y explica que "su generosidad verbal no sólo lo sobreexpone , sino también devalúa la voz oficial del gobierno".

El abogado reconoce que "hay cuestiones que se subsanan con tiempo, como la falta de «Estado en el cuerpo»", pero aclara que otras, "como la escasa sensibilidad política o el mal manejo de las expectativas pueden resultar muy caras para el éxito del gobierno".

Por lo mismo, recomienda "no confundir el sentido de urgencia con al atarantamiento o la improvisación... se nota entusiasmo y mística, pero no por madrugar amanece más temprano", recuerda.

Bellolio: Aterrizaje "sísmico", con "errores no forzados"

"Sísmico", con "una serie de errores no forzados". Así califica el abogado y cientista político, Cristóbal Bellolio, el aterrizaje de Piñera y sus ministros en La Moneda. Para Bellolio, que estuvo con ME-O en primera vuelta y con Piñera en el balotaje, la primera semana del gobierno ha sido "un poco sísmica, paradójicamente. Ha sido accidentado por una serie de errores no forzados , como el incumplimiento de la venta de las acciones de LAN, que hace ruido innecesario , la demora en las designaciones de gobernadores, seremis y jefes de servicio, lo que relativiza la promesa de gobernar con sentido de urgencia".

Además, advierte que en estos "errores no forzados" es donde " se juega la credibilidad del Presidente ". Cita como ejemplo el caso del royalty -donde el titular de Minería cerró la puerta y luego la abrió su par de Interior y la vocera- y recalca que estos episodios se dan "por el estilo arrasador de Piñera, por su exceso de entusiasmo más en el resultado que en el proceso. E stamos frente a grupo (de ministros) que tiene ansiedad y esa ansiedad, unida al temperamento del Presidente, puede causar desprolijidades ". Bellolio matiza, en cambio, en el caso de la falta de un conteo oficial de víctimas del terremoto en la primera semana (se dio esta mañana): "Hay responsabilidades compartidas con el gobierno anterior", aunque acota que " le falta destreza política a la derecha ".

Sobre los ripios en la vocería -en Palacio fueron mal evaluadas las declaraciones de Ena von Baer diciendo que Piñera no había cumplido su compromiso de vender LAN antes del 11 de marzo- dice que "ella no estaba en los planes originales como vocera. Con ella se hizo una apuesta y hay que verlo con el tiempo, no se la puede hacer pedazos a la primera". Sí lanza sus dardos a la UDI por los reclamos del partido a Interior a raíz del nombramiento de los gobernadores. "Si le pide a la oposición una tregua y colaboración y hay un partido de gobierno quejándose, me parece que se lee un tanto mezquino... pero la sangre nunca va a llegar al río... Piñera sabe que no puede gobernar sin la UDI". Lo que sí destaca y aplaude como "primer gol" es la aprobación del «bono marzo».

Joignant: "La suerte de Piñera es que la oposición está «lost»"

El cientista político Alfredo Joignant usa una sola palabra, " impresentable ", para calificar el retraso de Sebastián Piñera en deshacerse de sus acciones de LAN. "Es impresentable que el gobierno alegue retrasos de Celfin. O Celfin es una empresa realmente incompetente, o hay en Piñera una reticencia real a desprenderse de sus acciones, de las cuales no tengo dudas de que al final de día se va a desprender".

Añade que "pienso que esto puede leerse como que el Presidente cree que porque está recién electo y además en tiempos de catástrofe, tiene un poquito derecho a hacer cualquier cosa, a tener un comportamiento un poquito abusivo, y eso no es así".

Recuerda que el propio Ricardo Lagos, al inicio de su mandato, tuvo un comportamiento muy autoritario. "Hay algunos parecidos: Lagos le puso plazos a sus ministros, en particular a Michelle Bachelet, mientras que Piñera lo hizo con Lavín, al que de paso está literalmente asesinando, porque le pone metas que son imposibles de cumplir en esta catástrofe".

Para Joignant, contradicciones sobre el impuesto al Royalty o a los combustibles al interior del gabinete tienen su origen en un debate ideológico en la propia derecha. "Más que contradicciones entre los ministros, creo que hay algunos que se están dando cuenta de que gobernar en tiempos de catástrofe es distinto e implica gobernar con la cabeza, no con la ideología ". También atribuyó los problemas de Piñera en materia de nombramientos a dificultades de rango salarial entre el sector privado y el público, "donde las rentas son menos atractivas".

A su juicio, la mayor suerte que ha tenido en su primera semana de gobierno Piñera es que la oposición está "« lost in the space »", como dice. Y explica: "La Concertación está perdida en el espacio, francamente me asombra cómo una comunidad de hombres inteligentes, que supieron gobernar Chile durante 20 años, está sumida en la confusión. Y como el adversario de Piñera está tan confundido, tan choqueado, eso le permite a él darse algunos lujos, como aplazar la venta de las acciones de LAN o dilatar nominaciones importantes, disimulando cuáles son razones de fondo".

Fuente: Diario La Segunda

viernes, 19 de marzo de 2010

Explicando lo inexplicable

Escuchar a la ministra vocera, joven y talentosa, dando explicaciones por el retraso en la venta de Lan no puede sino resultar un poco decepcionante para quienes todavía creemos en la existencia de ciertas reglas en la vida pública. En efecto, culpar a Celfin no sólo es completamente inverosímil, sino que además hace dudar respecto del grado de confianza que los chilenos podemos depositar en el nuevo gobierno. Pero también es decepcionante porque la función de los ministros es gobernar el país, no gastarse explicando los incidentes financieros de Piñera. Desde todo punto de vista, y supongo que esto lo admitiría el más acérrimo de los piñeristas, es lamentable que los ministros estén perdiendo su tiempo y energía en explicar lo inexplicable, dando la cara por algo que, simplemente, no es su problema. Es una especie de “privatización” de los ministros. Nunca pensamos que Piñera llegaría tan lejos. Por cierto, la ministra sólo se hunde más intentando esgrimir que no es “tema de gobierno”: desde el minuto en que Piñera no verificó su promesa, la cuestión se transforma en asunto gubernamental, guste o no. Otro secretario de Estado fue más lejos, y acusó de mal gusto a quienes preguntaban sobre este tema, como si pudiera ser impropio inquirir por los compromisos adquiridos durante la campaña.

Piñera prometió vender antes de asumir, y no cumplió. Para peor, aún no es capaz de dar una respuesta satisfactoria. Es cierto que en el intertanto hubo una catástrofe, pero todo indica que las cosas deberían haber estado ya zanjadas el día del terremoto, que ocurrió tan sólo 12 días antes del cambio de mando. Por lo demás, la bolsa no interrumpió sus actividades. También cabe la posibilidad que Piñera haya tardado la venta porque las acciones bajaron luego del terremoto. En tal caso, podemos darnos por enterados: el Presidente sigue especulando y, por tanto, sus promesas están condicionadas al valor de sus acciones. Por último, quizás Piñera simplemente no quiso vender para ver cómo reaccionaba la opinión pública: por si pasa, como se dice en buen chileno.

Como sea, el caso es que ninguna de las tres explicaciones posibles es muy estimulante, pues todas dejan claro que el presidente es incapaz de realizar una demarcación clara y nítida entre lo público y lo privado, entre sus legítimos intereses personales y sus responsabilidades como Presidente de la república. Chile no es un juego ni una empresa, y la república merece cuidados y atenciones: por lo mismo, encabezarla exige tener plena conciencia de los deberes implicados. Es cierto que la Concertación no siempre hizo las cosas demasiado bien en este sentido —los cruces de veredas fueron demasiado frecuentes y, a veces, obscenos—, pero eso no constituye un argumento, menos aún si se pretende instaurar una nueva forma de gobernar. Además, sería de ciegos negar que, en esta materia, la derecha tiene que rendir un examen bastante más severo que la izquierda. Y si bien es innegable que Piñera no siempre observó estas reglas de modo muy estricto en el pasado —basta recordar su discusión con Allamand a propósito del caso Chispas—, uno esperaría mayor conciencia de lo siguiente: en un país tan presidencialista como Chile, ocupar la primera magistratura conlleva obligaciones infinitamente superiores a las de ser senador. Y no se trata de un problema legal, sino de un problema ético, porque —como diría Ricardo Lagos— el Presidente de Chile no puede necesitar una ley para cumplir con su deber.

En ese sentido, salvo que Piñera modifique radicalmente su actitud, su gobierno estará inevitablemente marcado por ese pecado original, por esa ambigüedad irresuelta. Podrá quizás hacer una buena gestión, es posible que resuelva muchos problemas y quizás se destaquen algunos ministros. Sin embargo, difícilmente su mandato podrá liberarse del estigma de haber permitido abundantes conflictos de interés en su seno, propiciados por el propio Presidente.

Dicho de otro modo, la república saldrá dañada porque cuando se mezclan los ámbitos de un modo tan abierto, a vista y paciencia de todos, el perjuicio es difícil de reparar. Violar las reglas por primera vez es difícil, pero luego puede convertirse en rutina. En ese sentido, lo de Piñera es grave por demasiadas razones. Alguien podría objetar que mis argumentos son nostálgicos, que estas cosas ya no importan, y que lo crucial hoy es ser eficiente, y que el resto importa poco. Por mi parte, sigo pensando que la buena gestión exige reglas claras, y que cuando esas reglas se hacen difusas, todo se confunde y todo se vuelve posible. Sigo pensando que los servidores públicos deberían estar libres de cualquier sospecha, y sobre todo el primero de ellos, el Presidente. Sigo pensando que la política es una actividad noble que impone cierto ethos. Sigo pensando, en fin, que mi abuelo no estaba tan equivocado cuando me enseñaba que las promesas son para cumplirlas y que lo público es distinto de lo privado.

*Daniel Mansuy es Master en Filosofía y Ciencia Política

Fuente: Diario El Mostrador