Luis A. Riveros, Académico U. de Chile
Reencantar a los jóvenes con la política significa mucho más que integrar a un puñado de ellos a campañas eleccionarias. Nuestra juventud se encuentra decepcionada porque no encuentra en los partidos un medio para abordar los problemas que efectivamente les interesan, y para que la política sea un instrumento efectivo para llevar a cabo su natural sentido de solidaridad social. Jóvenes decepcionados porque no ven en el político el ejemplo que necesitan para guiar su inquietud ciudadana, y sobre dicha base consolidar un modelo valórico de generalizada aceptación. Juventud desencantada porque carece de oportunidades suficientes, porque su desarrollo personal se encuentra limitado en una sociedad que carece de un sentido de proyección de largo plazo y de valoración efectiva de los proyectos a futuro. Juventud desilusionada que observa un devenir plagado de temores, sin apoyo solidario para enfrentar sus legítimas ansias de desarrollo personal y familiar. Juventud reprimida en muchas de sus legítimas aspiraciones, en sus intentos de cambiar las cosas, en su ánimo de construir una sociedad dominada por la generosidad y la tolerancia. Jóvenes decepcionados por la práctica diaria de la exclusión, del sectarismo, de la arrogancia, negación sistemática de los principios y valores inherentes a una democracia real.
Reencantar a los jóvenes con la política significa mucho más que integrar a un puñado de ellos a campañas eleccionarias. Nuestra juventud se encuentra decepcionada porque no encuentra en los partidos un medio para abordar los problemas que efectivamente les interesan, y para que la política sea un instrumento efectivo para llevar a cabo su natural sentido de solidaridad social. Jóvenes decepcionados porque no ven en el político el ejemplo que necesitan para guiar su inquietud ciudadana, y sobre dicha base consolidar un modelo valórico de generalizada aceptación. Juventud desencantada porque carece de oportunidades suficientes, porque su desarrollo personal se encuentra limitado en una sociedad que carece de un sentido de proyección de largo plazo y de valoración efectiva de los proyectos a futuro. Juventud desilusionada que observa un devenir plagado de temores, sin apoyo solidario para enfrentar sus legítimas ansias de desarrollo personal y familiar. Juventud reprimida en muchas de sus legítimas aspiraciones, en sus intentos de cambiar las cosas, en su ánimo de construir una sociedad dominada por la generosidad y la tolerancia. Jóvenes decepcionados por la práctica diaria de la exclusión, del sectarismo, de la arrogancia, negación sistemática de los principios y valores inherentes a una democracia real.
Si la sociedad y sus directivos no cambian las condiciones de base que conforman esta verdadera crisis, ¿de qué sirve el incorporarlos a actividades eleccionarias como un recurso mediático más? Si no se abren en los partidos plazas para candidatos jóvenes, ¿de qué vale simular que su incorporación es plena? Si no cambiamos nuestras apreciaciones sobre los problemas juveniles y la necesidad de su activa participación en resolverlos, ¿de qué sirve una muestra banal de cambio altruista? Debemos meditar seriamente: construir una participación joven efectiva es abrir nuestros oídos a aquello que, seguramente, no hemos querido escuchar cobijados en la soberbia.
Fuente: Diario Estrategia
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