En el transcurso de estos días hemos podido escuchar todo tipo de autocríticas, desde la intervención del ex-presidente Ricardo Lagos, quien llama a entregar el liderazgo a las nuevas generaciones, hasta el emplazamiento que se hace a los presidentes de los partidos que integran la coalición, a quienes se responsabiliza de haber limitado la participación de militantes y también ciudadana en los temas que podrían haber cambiado el futuro de la Concertación. Todas las críticas son bastante razonables y previsibles, ya que la cultura dirigencial y militante, común en todos los partidos políticos de nuestro país, nos señalan conductas y prácticas que han llevado a las viejas generaciones a instalarse en cargos o a ser favorecidos a la hora de tomar decisiones relacionadas con la representatividad ciudadana, desplazando así, a las generaciones emergentes que durante décadas no han podido ejercer liderazgos políticos importantes. A este hecho objetivo hay que agregar otros aspectos que nos han llegado con la modernidad o con los nuevos modelos sociales y que cohartan la participación en política y tienen que ver con el dinero y con el poder económico para desplegarse en el mercado comunicacional. Dicho de otra forma, hoy que no dispone de recursos no tiene ninguna posibilidad de participar en política, aunque sea el portador de las mejores ideas y propuestas para la sociedad.
Lo que queda después de las elecciones, aparte de la carga emotiva de haber participado en la histórica y exitosa Concertación, es que se pudo haber tenido más capacidad para asumir los contingencias, para derribar los protocolos políticos que se transformaron en verdaderas camisas de fuerza (el que tiene, mantiene) no permitiendo la renovación y cambios de rostro en el escenario político. En definitiva, fuimos víctimas de los estilos dirigenciales plenipotenciarios que dieron rienda suelta a sus propios proyectos. También, en esta reciente campaña, de una pobreza casi extrema, en la Concertación pudimos constatar, una vez más, que el poder del dinero es la principal herramienta que permite instalar en el colectivo social, imágenes, slogans y mucha palabrería que termina provocando una gran rentabilidad electoral.
La Concertación en la oposición deberá seguir trabajando para profundizar todo lo que fuimos capaces de realizar y abrir debate sobre los nuevos temas que ya difundimos ampliamente en el transcurso de la campaña: un nuevo código laboral, modificar la constitución, nacionalizar el agua y asegurar una educación y salud pública de calidad, entre otros temas. Estar en la oposición significa aportar ideas y representar las demandas de la gente y no transformarse en contralores rabiosos señalando de lo que se debe y no se debe hacer; esto, con toda seguridad no lo vamos a hacer.
Mario Morales Burgos, Consejero Regional.
Fuente:Diario La Tribuna
Mario Morales Burgos, Consejero Regional.
Fuente:Diario La Tribuna
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